Durante el mes de mayo se estuvo presentando en el Laboratorio Teatral del Gesto y Movimiento Utopía, la obra de teatro ‘’Toda Esta Larga Noche’’, escrita por el dramaturgo chileno Jorge Díaz: exiliado político de la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet en Chile entre 1973 y 1990.
El drama se desarrolla bajo una iluminación precaria y una atmósfera lúgubre, que recuerda los cuentos de ultra tumba con los que a veces asocian las memorias de la dictadura de Trujillo en República Dominicana.
A este universo creado a partir de los elementos alusivos a la tiranía, se suma un sentimiento perturbador que acompaña la disposición de los cuerpos en un espacio tan estrecho, como en ese tiempo era la actividad política e ideológica.
La obra fue escrita durante el exilio de Jorge Díaz y recoge los relatos de actrices exiliadas por el gobierno de la dictadura chilena. Es traída a Santiago por Miguel Espinoza, uno de los fundadores de la escuela de teatro Utopía.
Utopía
‘’En Utopía buscamos siempre la no exclusión’’, expresa Miguel Espinoza, director de la obra y uno de los fundadores de Utopía, sobre las características de la escuela.
En sus viajes por América Latina, Miguel pudo notar cómo en los grupos teatrales se produce un fenómeno parecido: estos, de alguna manera, ejercen
posesión sobre los actores y se ‘’aburguesan’’, perdiendo de manera rotunda la línea revolucionaria de la dramaturgia.
Comenta que luego de haber tenido experiencias en la escena teatral de varios puntos del continente, los grupos tienden, a su vez, a cohibirse de tomar ciertos riesgos a la hora de decir o expresar ideas »que los demás no quieren escuchar». Predomina entonces el deseo de obtener éxito por medio del teatro, más que el difundir ideas y que las personas salgan de la sala con un ‘’mensaje’’.
En ese sentido, Espinoza expresa que desde el nombre de la escuela hasta su línea ideológica, buscan establecer un espacio para la producción y difusión inclusiva de la actividad teatral.
En consecuencia, Utopía mantiene un principio de colaboración con otros grupos teatrales de la ciudad, en miras de promover esa horizontalidad que tanta falta hace en el panorama cultural alternativo de Santiago y el país.
‘’Lo que caracteriza la escuela es la lucha y la crítica social’’ manifiesta Miguel, quien entiende el teatro como un mecanismo para la modificación de las consciencias y por tanto, la transformación de la sociedad.
Las mujeres y la lucha
El hecho de que los personajes sean mujeres no responde a una intención determinada por parte del dramaturgo, según dice Miguel. No obstante, le agrega un matiz distinto a la obra, debido a que históricamente, la figura del opresor en los regímenes autoritarios, ha sido de género masculino.
Cristina Rodríguez, una de las actrices principales de la obra, manifiesta que la mujer, a pesar de jugar un papel importante en las luchas y movimientos políticos, queda un poco en el anonimato por el hecho de ser mujer.
Cristina caracteriza su personaje de controversial por estar ligada de manera activa a la lucha política. Además, refleja tanto la fuerza de las convicciones de aquellas personas identificadas con la lucha, como sus limitaciones y vulnerabilidades a nivel personal como seres humanos.
Astrid Gómez interpreta el personaje de Rosario, una mujer ligada al movimiento de oposición. Su actividad política de izquierda en un territorio político represor, provoca su encierre en la cárcel donde cobra vida el drama.
Natalia Martínez interpreta Aurora, un personaje, según la actriz, difícil de caracterizar por la complejidad de sus cambios y vivencias.
Por otro lado, Nairelis Ureña manifiesta que su personaje Jimena, posee un grado de vulnerabilidad extra por estar embarazada. Resalta un aspecto interesante y es que en este tipo de modelos de organización social, tener dinero o formar parte de una determinada élite, no te vuelve inmune a las acciones coactivas del régimen.
Astrid comenta que el proceso que antecede la puesta en escena resulta muy ‘’cargado’’, debido a la atmósfera que debe proyectar la obra y por tanto las acciones de los personajes.
Agrega que las actrices involucradas desde el inicio, recibieron un entrenamiento de ocho meses específicamente para la obra, lo que da un soporte pedagógico que se materializa en una escenificación de mucha fuerza emocional, técnica y conceptual.
Las actrices manifiestan que la temática de la obra traspasa lo relacionado a las posturas políticas, para adentrarse en el terreno de las implicaciones que como seres humanos tiene sufrir las atrocidades de una dictadura.
Santiago y el Teatro
Miguel Espinoza expresa que uno de los obstáculos que se presenta al momento de producir teatro, es que no existe una cultura de ir al teatro como tal. A esto se suma la poca propaganda que se realiza sobre las actividades teatrales.
Sobre esto último, Astrid Gómez revela que si bien existen espacios y manifestación teatrales, los públicos no siempre se enteran. No obstante, agrega que en los últimos años se nota un mayor interés para involucrarse en actividades de naturaleza teatral y por tanto, un mayor sentido de comunidad en las mismas.
Esta obra adquiere un valor agregado al estético, en la medida en que amplía la percepción del público sobre temas de trascendencia social. A su vez, se promueve un acercamiento de las nuevas generaciones a los hechos históricos que atraviesan el tiempo y el espacio presente, para justificar algunas de las circunstancias políticas de nuestra realidad actual.
Víctor Martínez Álvarez



Genisl! Me gusto mucho la nota! Gracias!!
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Muchas gracias Cristina.
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