
¿El humor que se hace a partir de estereotipos influye en la forma como percibimos ciertos individuos y grupos sociales? ¿Existen otras formas de hacer reír que no requieran la reducción de algunas identidades a caricaturas teatralizadas? ¿Cuál es la utilidad mercadológica del estereotipo y, a su vez, su impacto en los públicos inmediatos?
El estereotipo se entiende como un conjunto de rasgos típicos que se suponen inherentes a los miembros de un grupo y que se transmiten por la repetición de ciertas normas de comportamiento (Barzabal y Hernández (2005); sabiendo esto, puede decirse que el estereotipo se justifica en tanto permite procesar información anteriormente percibida, con relación a sujetos y grupos, sin necesidad de profundizar en cuestiones personales o sociales.
No obstante, en un país donde existe un mínimo de tolerancia hacia la persona que se asume como gay, lesbiana o bisexual de manera pública y, que además, busca espacios de representación igual de legítimos que aquellos que acapara la sexualidad normada, personajes como el de Darisho, ofrecen una serie de valores y características que por medio del humor criollo, se muestran devaluadas.
Darisho es un personaje que interpreta el comediante dominicano Irvin Alberti en el programa Chévere Nights conducido por Milagros Germán, a través de Telesistema, canal 11. Esta interpretación, que no es nada novedosa, está construida a partir de la representación del típico estereotipo gay extrovertido, cómico, invasivo, que organiza eventos, fiestas de cumpleaños y hace decoración de interiores; viste con unos legguings coloridos, unos zapatitos tipo crocs, bufanda y a veces, usa maquillaje.
¿Cómo un personaje que se realiza con el objetivo de hacer reír, es capaz de incidir en la formación de ciertas percepciones sobre sujetos y grupos?
La difusión televisiva de personajes estereotipados como el de Darisho, influye para que en un país donde la homofobia penetra casi todos los escenarios, se acepten o rechacen algunas identidades que se vinculen con este. Si se entiende la televisión como ese organismo que construye realidad social, como bien menciona Barzabal y Hernández (2005), y no tanto como un mero reflejo de esta, es evidente que acciones comunicativas que se llevan a cabo desde los programas de mayor recepción, lleguen tanto normalizar como desnormalizar actitudes y comportamientos en la cultura. Dicho de otra forma, la aceptación y el rechazo de ciertos sujetos y comunidades depende en gran parte de la valoración que la televisión marque con relación a dichos colectivos.
Pero ¿a qué lógicas responde el personaje de Darisho? ¿Quiénes se identifican y por qué han representado el sustento humorístico dominicano desde hace décadas?
El personaje de Darisho promueve una especie de ‘’homonormativa’’ local que refuerzan los clichés televisivos y que responde, como plantean Torres y Hernández (2005), a una estrategia mercadológica para que las audiencias reconozcan de forma eficiente una información registrada a nivel inconsciente. De esta forma, la reproducción del estereotipo se realiza tanto para captar de manera segura una audiencia masiva, como para reforzar ideas con respecto a una identidad y sus potenciales características.
En ese orden, se sabe que en una sociedad donde la interacción entre los varones está permeada por una serie de preceptos machistas, conductas y características que se consideran poco masculinas son rechazadas de forma sistemática (Reyes 2004). Por tanto, Irvin Alberti lleva a la comedia, a través del personaje de Darisho, comportamientos que por considerarse gay han sido tradicionalmente denigrados e infravalorados, y que en tanto son reproducidos por su actuación, impiden imaginar una mayor variedad de canales para que se reconozca la identidad homosexual fuera del canon mediatizado.
En otras palabras, puede que los estereotipos ayuden a difundir una forma de exclusión socialmente legitimada. Esto quiere decir que si la televisión construye y reproduce identidades permitidas, solo se ‘’acepta’’ ser gay en República Dominicana en tanto se ocupen determinados ambientes (como el del espectáculo y la moda) y se cumplan ciertas expectativas sobre cómo actúa, habla, se viste, así como qué personalidad debe admitir un gay.
Por otro lado, la mera intención de captar una audiencia no basta para generar un Darisho, hace falta seguir una fórmula que garantice su recepción. En la Teoría del Humor Verbal que cita Gurillo (2015) se comprende que en la estructura que se utiliza para realizar narrativa humorística, siempre hay un blanco a donde se dirige la burla. Este no solo garantiza un mayor acceso al humor criollo, sino que en los casos que se realiza a partir de estereotipos sociales, este blanco humorístico se encuentra en desventaja discursiva con respecto a la persona quien se burla o que en otras palabras, orienta su burla hacia el sujeto o comunidad prejuiciada.
En fin, los estereotipos existen porque las personas necesitamos herramientas perceptivas que nos permitan manejar las complejidades cada vez más diversas y difusas de nuestra realidad social; sin embargo, hay algunas alternativas para contrarrestar casos de desigualdad discursiva desde el mismo humor. La comedia que se realiza regularmente en el monólogo Stand-up, en el que el comediante o monologuista habla desde la perspectiva que socialmente ya le corresponde, sin ánimos de asumir artificios teatrales caricaturizados, llega a ser una forma viable y menos violenta de hacer reír.
Ana Carolina, standupera argentina.
Manuna, standupero mexicano.
Referencias:
Reyes, Mauricio (2004). Masculinidades Diversas.
Torres Barzabal, L. y Jiménez, S. A (2005). Enseñemos a Discriminar Estereotipos Sexistas.
Ruíz, L. (2015). Sobre Humor, Identidad y Estilos Discursivos.