Aretha Franklin: Un homenaje a su voz, alma y fortaleza

Artículo producido y publicado para la sección CuestionARTE, del Periódico Academo. Por medio de este link, pueden acceder a la versión digital disponible para descarga: http://www.escribanos.com.do/periodico-academo

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Por Víctor Martínez

La muerte de una persona que amamos, o admiramos, paradójicamente constituye uno de los momentos en que los seres humanos nos detenemos a reflexionar sobre la vida. Cuando esa reflexión nos hace repensar y valorar la trayectoria de una persona que dedicó su vida al arte, y a través de ella tocó a generaciones completas, la reflexión adquiere otros matices. El 16 de agosto del presente año fue un día de pérdida para el mundo artístico: murió la “Diva de la música Soul[1], Aretha Louis Franklin. El cuerpo de la cantante, considerada por muchos como parte de la ‘’realeza’’ de Detroit, Estados Unidos, fue exhibido frente al Museo de Historia Afroamericana Charles H. Wright, donde cientos de fanáticos de la artista acudieron a despedir a su ídolo.

La obra musical de Aretha Franklin se ha posicionado en la cultura norteamericana como símbolo de reivindicaciones ciudadanas y feministas para la población afroamericana. La voz de la artista, melódica y fuerte; intensa y romántica, aunada a su carisma, nos remonta a una época en que las tensiones por cuestiones raciales en territorio estadounidense encontraban en la música un vehículo reivindicativo de resistencia; pero, también, un canal catártico para elevar el deseo de una sociedad sin discriminación.

Inicio y evolución en la música

Desde su infancia, Franklin estuvo rodeada de personalidades de la música y la política: nombres como el de Mathalia Jackson y Martín Luther King, luchador por los derechos civiles estuvieron presentes en su vida. Su padre, el reverendo Clarence LaVaughn Franklin, fue considerado en la década del cuarenta como el predicador negro más famoso de los Estados Unidos. Todo este escenario de cantos gospel[i], jazz, y conversatorios en torno a la situación política, fue modelando la forma en como Franklin concebía su carrera musical. También, fue dotándola con la consciencia social por la que hoy día la recordamos.

En la década del sesenta, Aretha fue reconocida como estrella del soul femenino, y en 1987, se convirtió en la primera mujer en ser incluida en el Rock and Roll Hall Fame. De esta forma, y quizás sin siquiera proponérselo, contribuyó a derribar décadas de prejuicios raciales y de género solidificados en la cultura norteamericana. Otras artistas como Madonna y Janis Joplin, fueron incluidas luego dentro de la memorable lista del museo. En esta misma época, se propuso hacer versiones de canciones de rock, pop y soul aclamadas por los públicos. De estas canciones destaca Let it be de la banda de rock británica, The Beatles, pieza que probablemente inspira la hermosa versión recreada por Carol Woods y Timothy T. Mitchum para una de las icónicas escenas de la película musical Across The Universe (2007). Otros importantes álbumes de su carrera son Aretha Live at Fillmore West, donde canta sus éxitos y en donde participan el saxofonista King Curtis y el aclamado Ray Charles; y, Through the storm (1989), destacado por la participación de grandes artistas como Elton John, Whitney Houston y James Brown.

A lo largo de su carrera, fue galardonada con ocho premios Grammy. Dentro de estos, se encuentran las primeras ocho condecoraciones dadas por mejor interpretación vocal femenina de R&B, desde 1968 hasta 1975. 

Canciones y momentos icónicos

Parte de lo que sin duda hace que una artista de la magnitud de Aretha Franklin se grabe en nuestra memoria musical, es la capacidad que tienen sus canciones de evocar emociones. Esta magia no siempre se da de forma fortuita; el periodista César García Soria cita al crítico de música, David Remnick, cuando afirma que lo que hacía distinta a la artista Aretha Franklin era “su inteligencia musical, su manera de cantar detrás del ritmo, de rociar un lavado de notas sobre una sola palabra o sílaba, de construir, momento a momento, el poder emocional de una canción de tres minutos’’.

Una pieza que nos sirve para ilustrar esto último es Over the Rainwow, comúnmente vinculada a las luchas y reivindicaciones de los grupos LGBT norteamericanos; también, la canción Respect, de Oris Reading, esta última considerada por muchas personas como un himno antimachista. Para abundar sobre esto, la periodista Ana López-Varela afirma que ‘’el tema original era una llamada machista que demandaba respeto al hombre por llevar el dinero a casa, pero en boca de Aretha mutó en insignia incendiaria’’. Hoy día, la canción está considerada como una de las mejores de todos los tiempos junto con piezas como Imagine de John Lennon y Like a Rolling Stone de Bob Dylan.

En el 2005, la artista recibió la medalla presidencial en Estados Unidos de mano del entonces presidente George W. Bush. El 13 de mayo de 2006, recibió el título Doctora en música del Berklee College of Music, la universidad privada de música más grande del mundo; mientras que, en 2008, la revista Rolling Stone la eligió como La mejor cantante de todos los tiempos. Por si fuera poco, fue la primera mujer afroamericana en figurar en la portada de la revista Time. En el 2009, la artista se hizo eco del histórico momento en el que Barack Obama tomaba posesión como el primer presidente negro de Estados Unidos interpretando la canción, My Country Tis of Thee.

Finalmente, Aretha Franklin trasciende a la historia como una de las grandes figuras de la música contemporánea norteamericana debido a su talento artístico y su consciencia social y su muerte abre nuevos caminos de reflexión en torno a la incidencia que el artista tiene, a veces sin proponérselo, sobre comunidades, personas y momentos históricos, permitiéndonos vislumbrar la inmensa relevancia de una carrera realizada con pasión y aunada al compromiso con su comunidad.

En un artículo de la revista Vanity Fair, publicado el 16 de agosto de este año, se hace referencia a la respuesta de Franklin al ser cuestionada sobre el calificativo de ‘’Diva’’ con el que la prensa la bautizó: «ser una Diva no tiene nada que ver con tu música, sino con los servicios que has hecho a tu sociedad y a tu comunidad, con todo lo que has contribuido para hacerla mejor».

[1] El soul es un género musical originario de Estados Unidos que combina elementos del góspel, del doo-wop y del rhythm and blues (www.wikipedia.org).

[i] Dícese de la música religiosa y/o espiritual protestante que surge en las iglesias afroamericanas durante el siglo XVIII.

 

El tutor: guía, apoyo y estímulo para la escritura procesual académica

Este artículo fue producido para ser publicado por el Centro de Excelencia para la Investigación y Difusión de la Lectura y Escritura CEDILE-PUCMM 

Una de las definiciones que establece la Real Academia Española para la palabra »acompañar», es la de existir simultáneamente con una cosa (dle.rae.es).  Esta descripción del término, un tanto filosófica, llevada al contexto de la escritura académica y más específicamente al proceso de acompañamiento de estudiantes tesistas, refuerza el rol del tutor como figura de apoyo que estimula mediante el diálogo crítico, reflexivo y horizontal, la comprensión y producción del texto. A su vez, dicha figura viene a fortalecer la labor que se realiza en las aulas en materia de pensamiento y construcción escrita.

El proceso de acompañar trabajos de investigación de grado consiste en intercambiar de manera horizontal ideas, reflexiones, observaciones, correcciones y pareceres que asumidos por el estudiante tesista, mejoran la producción escrita del documento. Cada una de estas puntualizaciones cumple múltiples funciones reflexivo-didácticas: primero, evaluar de forma consciente la pertinencia de ciertas normas de construcción textual para que el escrito tenga valor en el contexto académico; segundo, estimular el empoderamiento estudiantil de la escritura académica como medio de expresión y legitimación discursiva en la universidad. Por medio de ambos procesos en constante retroalimentación, el estudiante ve transformar tanto su escrito como su forma de confrontar el proceso de escritura.

Dicho acto de acompañar, como forma de existir simultáneamente con el estudiante desde el apoyo a la redacción del texto, mejora el aprendizaje del género tesis desde distintas vías: una personal, en la que el estudiante percibe en el tutor una figura que si bien sirve de apoyo y guía para la mejora del trabajo, no se constituye en voz de autoridad inquebrantable cuyas órdenes se acatan sin objetar; y una didáctica, que facilita de manera crítica y reflexiva una serie de contenidos referentes a la lingüística que aplicados al trabajo, mejoran exponencialmente su comprensión. Ambos aspectos, incorporados a la práctica de la tutoría, generan una atmósfera de aprendizaje horizontal.

A su vez, el trabajo de acompañamiento con el estudiante fortalece el acercamiento de este con el género discursivo tesis. Este último puede entenderse como la tipología textual que da forma estructurada a un proceso de investigación que se lleva a cabo al finalizar la trayectoria académica. En muchos casos, el estudiante se siente inseguro sobre la manera más idónea de llevar sus conocimientos, inquietudes e intereses investigativos al modelo de escritura consensuado por la universidad para trabajos de este tipo. Por tanto, contar con tutorías centradas en la comprensión justificada de los elementos que componen el género (Título, Introducción, Marco Teórico, Marco Metodológico, entre otros), expande significativamente los canales por los que el tesista, en tanto autor, sitúa su producción para en el trayecto, descubrir el verdadero sentido de lo que estudia (Creme y R. Lea, 1997).

La figura del tutor cumple las funciones de apoyar, facilitar y esclarecer contenidos de forma y fondo para que tanto la producción como la reflexión en torno a lo que se escribe, se realicen con mayor grado de consciencia. De igual forma, este método de aprendizaje teórico-práctico enriquece el trabajo que se realiza en el aula para que el estudiante escriba.

Por esto, es bueno que tanto la universidad como sus actores otorguen relevancia a los espacios alternativos de aprendizaje que refuerzan de forma comprometida el desarrollo de facultades que, consolidadas con la labor de clases, contribuyen a la formación de profesionales con mayor sentido del trabajo y, por tanto, de la disciplina que los acoge.

Publicación oficial: https://www.pucmm.edu.do/centro-escritura/Paginas/blog.aspx

 

Arte y educación universitaria: posibilidades de diálogo

Este artículo fue publicado el 7 de diciembre del 2017 para la primera edición del Periódico Academo, un medio »especializado en noticias académicas; orientado, al ámbito de la educación superior, la ciencia y la cultura».

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Por: Víctor Radhamés Martínez

Comunicador Social y Curador de Arte Emergente

Desde hace mucho tiempo, la relación que se establece entre el arte y las disciplinas universitarias, estas últimas como campos de estudio sustentados en metodologías, discursos y recursos específicos para el acceso al conocimiento, es, hasta cierto punto, disociada; y, en algunos casos, incluso, antagónica. Raymond Williams se refiere a esto cuando afirma que “degradamos el arte, en tanto lo posicionamos como una actividad secundaria a la vida, y no interdependiente a esta”; los estudiantes universitarios, en este sentido, acceden al consumo del arte por vías alternativas, y no es mucho lo que se ha incorporado del potencial semiótico de las piezas y procesos artísticos de creación, a los ámbitos académicos, para entender las fluctuantes dinámicas de nuestra sociedad. No obstante, como curador de arte emergente, y amante de las plataformas de formación que estimulan la reflexión, el análisis y la construcción de conocimiento desde metodologías academicistas, no puedo dejar de imaginar la posibilidad que el arte, desde su inherente facultad para la transformación y rearticulación discursiva, representa para fortalecer los procesos educativos de nuestras universidades.

El filósofo Jaques Rancèire, en su libro El maestro ignorante, expone la idea fundamental de que la educación se vale de procesos relacionales inmanentes a la cognición humana para desarrollar el aprendizaje del sujeto en sociedad. Partiendo de esta idea, es claro que las disciplinas universitarias, sobre todo las humanidades (aunque no exclusivamente), pueden sobrellevar trabajos de construcción y realización procesual artística, tomando como base el bagaje personal y disciplinar del estudiante. De esta forma, se podría estimular su acercamiento a otras sensibilidades de las que el análisis y estudio académico, no tienen porque estar disociados.

Los museos, galerías y espacios culturales han operado, desde el nuevo milenio, como estructuras vivas con suma consciencia de su rol en la consolidación de identidades; la visibilización, en el plano de la discusión y el debate reflexivo de procesos de estructuración de la memoria; y, en la puesta en valor de nuestros patrimonios, tanto materiales como inmateriales. Debido a esto último, los objetos de estudio, análisis y acción sobre los que las disciplinas universitarias conforman sus Facultades, están llamados al diálogo con la creación de objetos y procesos vinculados al campo del arte histórico, moderno y contemporáneo.

La ciudad de Santiago, por ejemplo, cuenta con una institución que ha asumido el compromiso de potenciar, por medio de un trabajo asiduo, el contacto de estudiantes con los discursos concernientes a lo artístico y museal: el Centro Cultural Eduardo León Jimenes ofrece un espacio con múltiples posibilidades para que tanto el docente como el alumno universitario puedan, desde este espacio alternativo de encuentro, enriquecer sus programas formativos.

En este aspecto, vale la pena mencionar el acuerdo firmado este año entre la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y dicho Centro, con el objetivo de orientar iniciativas que fomenten la investigación y educación en el ámbito de la cultura; pienso que convenios interinstitucionales como este, pueden ser aprovechados por los actores de nuestras universidades para introducir propuestas de acción-reflexión artístico educativas en los ámbitos académicos.

Finalmente, es posible incitar reflexiones sobre la validez de vincular al estudiantado universitario con la creación y exposición artística. De esta forma, estaríamos contribuyendo a imaginar y repensar contextos pertinentes al estudio disciplinar, desde otras dimensiones. Y en este sentido, el primer paso es, descubrir y fomentar canales de acción, producción, pensamiento y diálogo, que funcionen desde los espacios académicos ya establecidos, con los actores y procesos del campo artístico.