El siguiente escrito fue producido como texto de sala para la exposición llamada Iconofilia, del artista Wali Vidal, inaugurada el 7 de diciembre del 2017 en Casa de Arte, Santiago.
Iconofilia: crear desde y para la imagen
Las imágenes, desde tiempos inmemoriales, han establecido roles múltiples en la forma como procesamos e interactuamos con nuestro entorno; generan puntos de asociación entre nuestras memorias, y las potencialidades perceptivas dentro de las realidades que nos transitan. El juego entre lo palpable e imaginario, toma forma y se articula en un sinfín de reflujos sensoriales que estimulan el ojo y dan sentido a lo que vemos. Visualizar un mundo-sujeto sin imagen es impensable desde su concepción: somos porque imaginamos y desde que imaginamos, construimos visualmente.
Hoy día, lo que conocemos como imagen, más que un medio de acceso a la información desde la que procesamos el mundo, se convierte en un imperio de mediatización y espectáculo que marca sus propias reglas de inclusión y exclusión. El ojo es capitalizado y quedan degradadas otras formas de experiencia y aprendizaje; desde esa lógica, las probabilidades de ser invisible, impensable o en otras palabras, la imposibilidad de concebirse en imagen (desde la imagen) mediática, inaugura otras reflexiones en torno a la importancia de poder imaginar e imaginarse a través de la mirada.
No obstante, el arte es acción, y en tanto acción, se apropia de la imagen para crearla, destruirla, desintegrarla, desvanecerla, negarla, reafirmarla, sanarla…; el artista contemporáneo asume la imagen como su realidad y desde su inmanente fuerza transformadora, hace de la mirada activa un espacio de emancipación.
Por todo esto, Iconofilia ha reunido un grupo de artistas de variadas disciplinas e intereses para cuestionar nuestra relación social e individual con la imagen. Alfonsina Martínez, Julioe Bergeron, D-Troya Lion, Carlos Junior Ramos, Josué Gómez, Karim López, Alejandro Del Mar y Wali Vidal, nos ofrecen con esta muestra otras vías para mirar, mirarnos y reposicionar el rol de las imágenes en nuestros contextos. De esta forma, se abren otras reflexiones en torno a lo que se observa y su importancia para establecernos en el mundo.
Los siguientes videos se hicieron para documentar la fase de sustentación de mi tesis, realizada como requisito para obtener la Licenciatura en Comunicación Social de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. El proyecto llevó por título »Análisis Crítico del Discurso de Textos Periodísticos Dominicanos a partir del Discurso de Identidad Nacional. Estudio de Caso: Sentencia del Tribunal Constitucional 0168-13».
El video fue cortesía del Departamento de Comunicación Social de la misma universidad, desde su campus en Santiago de los Caballeros.
El arte que se realiza vinculado al momento presente, se alimenta desde sus fases de ideación y construcción de lo que se vive y experimenta de manera continua. Wali Vidal, artista multidisciplinario de Santiago trabaja de esta forma y es desde el intercambio permanente entre su circunstancialidad y memoria con los flujos culturales que lo han modelado, como genera propuestas de gran colorido, impacto y relevancia generacional.
Wali nace en Santiago, según dice, por casualidad. No obstante, gracias a la separación de sus padres, desarrolla gran parte de su niñez en las provincias de Santiago, Santo Domingo y San Pedro de Macorís, lugares y momentos que de manera distintas sirvieron de estímulo para que este valorara diferentes cosmovisiones que de joven le ayudaron a formar su personalidad. De este contacto multiprovincial, el joven Wali entiende, a su vez, la importancia de dialogar desde su trabajo con los variados contextos que ocupa y que lo ocupan.
Desde pequeño, como bien dice Wali, ‘’los medios de entretenimiento, me entretenían’’; la televisión dominicana, durante las últimas décadas, se convierte en un generador y reproductor de cultura. Los canales y programas de mayor popularidad contribuyeron de forma significativa a inyectar de imágenes nuestra mirada nacional. Hoy día, Wali, reposiciona elementos de la cultura popular televisiva dominicana y les da otro matiz connotativo a partir de su propio ejercicio de la pintura. Existe en su trabajo un lenguaje rico en apropiaciones y un rejuego constante con una visión caribeña contemporánea que parte del colorido.
Una exposición significativa para la carrera de Wali, debido a su relevancia y el nivel de visibilidad que obtuvo gracias a esta, fue la muestra Los Candidatos del Rímel en el Centro de la Cultura de Santiago en el año 2003. Para este trabajo, el artista seleccionó 21 personajes del Barrio Libertad de Santiago y por medio de una caracterización propia en función de perfiles sociales previamente identificados, creó pancartas políticas y una pieza de video en la que estos fueron candidateados para la presidencia.
‘’Yo hago lo que me gusta y siento que como artista, es la única libertad que uno tiene’’.
Desde entonces, el artista ha reforzado el contacto con lo popular como parte de su propia reflexión experimental sobre el presente en la ciudad.
Actualmente, Wali trabaja en la antigua residencia de uno de sus maestros, el artista Leo Núñez. Es en este espacio de la Av. 27 de febrero esquina Duarte donde impactado por el sonido de las bocinas, ambulancias y conversaciones en la calzada, continúa su búsqueda creativa planteando la ciudad desde la mirada de su Caribbean Pop. Por el momento, pretende incluir en sus experimentaciones elementos del arte taíno integrado al código de color popular que perfila su trabajo visual.
¿El humor que se hace a partir de estereotipos influye en la forma como percibimos ciertos individuos y grupos sociales? ¿Existen otras formas de hacer reír que no requieran la reducción de algunas identidades a caricaturas teatralizadas? ¿Cuál es la utilidad mercadológica del estereotipo y, a su vez, su impacto en los públicos inmediatos?
El estereotipo se entiende como un conjunto de rasgos típicos que se suponen inherentes a los miembros de un grupo y que se transmiten por la repetición de ciertas normas de comportamiento (Barzabal y Hernández (2005); sabiendo esto, puede decirse que el estereotipo se justifica en tanto permite procesar información anteriormente percibida, con relación a sujetos y grupos, sin necesidad de profundizar en cuestiones personales o sociales.
No obstante, en un país donde existe un mínimo de tolerancia hacia la persona que se asume como gay, lesbiana o bisexual de manera pública y, que además, busca espacios de representación igual de legítimos que aquellos que acapara la sexualidad normada, personajes como el de Darisho, ofrecen una serie de valores y características que por medio del humor criollo, se muestran devaluadas.
Darisho es un personaje que interpreta el comediante dominicano Irvin Alberti en el programa Chévere Nights conducido por Milagros Germán, a través de Telesistema, canal 11. Esta interpretación, que no es nada novedosa, está construida a partir de la representación del típico estereotipo gay extrovertido, cómico, invasivo, que organiza eventos, fiestas de cumpleaños y hace decoración de interiores; viste con unos legguings coloridos, unos zapatitos tipo crocs, bufanda y a veces, usa maquillaje.
¿Cómo un personaje que se realiza con el objetivo de hacer reír, es capaz de incidir en la formación de ciertas percepciones sobre sujetos y grupos?
La difusión televisiva de personajes estereotipados como el de Darisho, influye para que en un país donde la homofobia penetra casi todos los escenarios, se acepten o rechacen algunas identidades que se vinculen con este. Si se entiende la televisión como ese organismo que construye realidad social, como bien menciona Barzabal y Hernández (2005), y no tanto como un mero reflejo de esta, es evidente que acciones comunicativas que se llevan a cabo desde los programas de mayor recepción, lleguen tanto normalizar como desnormalizar actitudes y comportamientos en la cultura. Dicho de otra forma, la aceptación y el rechazo de ciertos sujetos y comunidades depende en gran parte de la valoración que la televisión marque con relación a dichos colectivos.
Pero ¿a qué lógicas responde el personaje de Darisho? ¿Quiénes se identifican y por qué han representado el sustento humorístico dominicano desde hace décadas?
El personaje de Darisho promueve una especie de ‘’homonormativa’’ local que refuerzan los clichés televisivos y que responde, como plantean Torres y Hernández (2005), a una estrategia mercadológica para que las audiencias reconozcan de forma eficiente una información registrada a nivel inconsciente. De esta forma, la reproducción del estereotipo se realiza tanto para captar de manera segura una audiencia masiva, como para reforzar ideas con respecto a una identidad y sus potenciales características.
En ese orden, se sabe que en una sociedad donde la interacción entre los varones está permeada por una serie de preceptos machistas, conductas y características que se consideran poco masculinas son rechazadas de forma sistemática (Reyes 2004). Por tanto, Irvin Alberti lleva a la comedia, a través del personaje de Darisho, comportamientos que por considerarse gay han sido tradicionalmente denigrados e infravalorados, y que en tanto son reproducidos por su actuación, impiden imaginar una mayor variedad de canales para que se reconozca la identidad homosexual fuera del canon mediatizado.
En otras palabras, puede que los estereotipos ayuden a difundir una forma de exclusión socialmente legitimada. Esto quiere decir que si la televisión construye y reproduce identidades permitidas, solo se ‘’acepta’’ ser gay en República Dominicana en tanto se ocupen determinados ambientes (como el del espectáculo y la moda) y se cumplan ciertas expectativas sobre cómo actúa, habla, se viste, así como qué personalidad debe admitir un gay.
Por otro lado, la mera intención de captar una audiencia no basta para generar un Darisho, hace falta seguir una fórmula que garantice su recepción. En la Teoría del Humor Verbal que cita Gurillo (2015) se comprende que en la estructura que se utiliza para realizar narrativa humorística, siempre hay un blanco a donde se dirige la burla. Este no solo garantiza un mayor acceso al humor criollo, sino que en los casos que se realiza a partir de estereotipos sociales, este blanco humorístico se encuentra en desventaja discursiva con respecto a la persona quien se burla o que en otras palabras, orienta su burla hacia el sujeto o comunidad prejuiciada.
En fin, los estereotipos existen porque las personas necesitamos herramientas perceptivas que nos permitan manejar las complejidades cada vez más diversas y difusas de nuestra realidad social; sin embargo, hay algunas alternativas para contrarrestar casos de desigualdad discursiva desde el mismo humor. La comedia que se realiza regularmente en el monólogo Stand-up, en el que el comediante o monologuista habla desde la perspectiva que socialmente ya le corresponde, sin ánimos de asumir artificios teatrales caricaturizados, llega a ser una forma viable y menos violenta de hacer reír.
Ana Carolina, standupera argentina.
Manuna, standupero mexicano.
Referencias:
Reyes, Mauricio (2004). Masculinidades Diversas.
Torres Barzabal, L. y Jiménez, S. A (2005). Enseñemos a Discriminar Estereotipos Sexistas.
Ruíz, L. (2015). Sobre Humor, Identidad y Estilos Discursivos.
La diversidad de formas en que la ficción del género y sus roles de opresor/oprimido atraviesa nuestro día a día sin darnos cuenta llama mucho la atención.
Un ejemplo del que he sido testigo varias veces sucede cuando voy montado en el concho y el chofer hace que cambiemos la posición de nuestros asientos para que junto a él se coloque una mujer. O también, cuando la joven que se dirige hacia un punto determinado tiene que aguantar durante la mayor parte del viaje que uno de los pasajeros (si no el chofer mismo, o ambos) se dirija a ella como si fuese un juguete sexual en venta.
Lo interesante del asunto es que el carro concho se vuelve una metáfora del escenario social; los conflictos de lucha por quien entiende que posee las facultades y el derecho de dirigirse al otro como si fuera un objeto inferior, se concretizan en un lugar en el que casi no hay espacio entre un cuerpo y otro.
Carlos Fonseca Hernández parafrasea a Judith Butler cuando dice que ‘’…el género se define como performance: repetición que imita la fantasía…’’, expresión que a mi entender, cobra vida en un medio de interacción como el carro concho, que se caracteriza por lo rutinario y repetitivo de utilizar el transporte público para trasladarse diariamente de un punto a otro.
No obstante, lo que me parece importante resaltar es el valor que tiene identificar estas expresiones micro-sociales del poder en pleno ejercicio para en esa medida, generar un entendimiento mayor sobre cómo esta lógica justifica manifestaciones de desigualdad que se dan en otros espacios sociales donde parecieran tener mayor legitimidad, como es el caso de las instituciones públicas y privadas.
De esta manera, el reconocimiento de los grupos e individuos históricamente infravalorados tomaría un curso desde lo cotidiano, donde por medio de la repetición incansable, el poder se reproduce y toma fuerza.
Referencia
Fonseca Hernández, C. & Quintero, M. La Teoría Queer: La de-construcción de las identidades periféricas.